20 dic. 2011

Amor puro.

Foto tomada el 13/10/2009


Se le da demasiada importancia al amor puro. Ese amor del que se habla en los cuentos de hadas y en las películas de Hollywood.
Precisamente, el mejor amor, el que más se disfruta y el que más te llena, es el que tiene impurezas.
Aquel que tiene pinceladas de locura, ese con destellos de lujuria, aquel que tiene una pizca de guerra, en el que peleas con la persona amada sólo por el dulce placer de la reconciliación. Cuántas veces he deseado callarte la boca con un beso enfadado y te he castigado por tu insolencia rodando sobre ti haciéndote cosquillas.
Donde la risa y las confidencias tiñen ese amor tan perfecto de un color más bonito aún, como pequeñas partículas de hierro dando colores vívidos al cuarzo, convirtiendo a la persona amada en tu mejor amigo.

Pero aún así, ese amor impuro debe salir espontáneamente, no se vale a jugar al alquimista que manipula la naturaleza para transformar las piedras en oro. No.
Ese amor es como una piedra preciosa rara, valiosa, y muy buscada. Pero por supuesto, cuando lo encuentres, será como un diamante. Hermoso, brillante, duro, y sobre todo, para toda la vida.

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