23 mar. 2011

El cielo de tu espalda.

Me encanta tu espalda. Tu espalda, ancha, blanca, suave, salpicada de pequitas aquí y allí. Donde se marcan tus vértebras cuando la arqueas, y donde te da un escalofrío cuando paso mis dedos por encima de tu columna, sin apenas tocarla, sólo rozándola, y te ríes con esa risa tuya tan natural que se contagia.
Y entonces es cuando te giras sonriendo y me dices que me quieres.
Y entonces es cuando bajo la mirada y me pongo a contar esas pecas que tienes repartidas aquí y allá por toda la espalda.
Y es cuando, con mis dedos, me dedico a trazar dibujos entre ellas, como un barco que navega por la blancura de tu piel evitando obstáculos redonditos y pequeños.
O cuando me dedico conectar los lunares entre sí, como en los libros de actividades de cuando era pequeña, en donde trazabas líneas entre los puntos para formar dibujos. Sí, eso mismo: tu espalda es como una hoja de un cuaderno de actividades para niños. O mejor aún. Tu espalda es un cielo blanco con miles de estrellas que forman constelaciones desconocidas. Y yo, cual astrónomo estudioso, me las conozco todas.

Tienes 74 estrellas en el cielo de tu espalda. Y sé encontrarlas todas sin necesidad de telescopio.