22 dic. 2011

Retrato.

Era un joven encantador. Ella no podía dejar de mirarle, maravillada de que alguien pudiera ser tan amable y tierno.
Era un muchacho de estatura media, más alto que ella, pero tampoco exageradamente. Tenía el pelo negro, oscuro como la noche, pero reluciente, con algún que otro reflejo brillante. Lo llevaba con un peinado desenfadado, que contribuia a darle un cierto toque casual a su imagen.
Tenia la cara redondeada, un poco infantil. Su nariz era larga y recta, de medida perfecta, que parecía encajar perfectamente en su rostro ovalado. Unos labios finos y risueños, que ocultaban unos dientes cuadrados y blancos, sorprendían a la muchacha de vez en cuando con una resplandeciente sonrisa traviesa.
Pero, aún así, lo que más resaltaba de sus rasgos, en general agraciados, eran sus ojos: redondos, grandes, y de un precioso color verde esmeralda que brillaba con luz propia, con vetas de jade en sus profundos irises que en cuanto mirabas te sumergías en su interior, como en una selva impenetrable, en la que te perdías con facilidad. Brillantes incluso en la oscuridad más tremenda, rezumando inteligencia.
Era de carácter excéntrico. Hacía bromas sin parar, quitándole importancia a todo lo malo y lo bueno que sucedía a su alrededor, pero, a pesar de esa apariencia despreocupada, se preocupaba enormemente por lo que le podía pasar a la gente de su alrededor, tanto si los conocía mucho como si los acababan de presentar esa mañana, tanto si eran como de la familia como si les odiaba cordialmente.
Ella no podía creerse la extraña suerte, el curioso giro del destino, que la había llevado a cruzarse con alguien como él, tan simpático, y que tan fácil resultaba de querer.

Originalidad.

Foto tomada el 24/04/2011.


-Con menuda forma más rara te está saliendo el bocadillo.
-No es raro, ¿vale? Es original.
-Oh, como tú.
-Vaya, gracias, no me esperaba que me dijeras algo así.
-...Sí, tú también tienes una forma rara.

20 dic. 2011

Amor puro.

Foto tomada el 13/10/2009


Se le da demasiada importancia al amor puro. Ese amor del que se habla en los cuentos de hadas y en las películas de Hollywood.
Precisamente, el mejor amor, el que más se disfruta y el que más te llena, es el que tiene impurezas.
Aquel que tiene pinceladas de locura, ese con destellos de lujuria, aquel que tiene una pizca de guerra, en el que peleas con la persona amada sólo por el dulce placer de la reconciliación. Cuántas veces he deseado callarte la boca con un beso enfadado y te he castigado por tu insolencia rodando sobre ti haciéndote cosquillas.
Donde la risa y las confidencias tiñen ese amor tan perfecto de un color más bonito aún, como pequeñas partículas de hierro dando colores vívidos al cuarzo, convirtiendo a la persona amada en tu mejor amigo.

Pero aún así, ese amor impuro debe salir espontáneamente, no se vale a jugar al alquimista que manipula la naturaleza para transformar las piedras en oro. No.
Ese amor es como una piedra preciosa rara, valiosa, y muy buscada. Pero por supuesto, cuando lo encuentres, será como un diamante. Hermoso, brillante, duro, y sobre todo, para toda la vida.

14 dic. 2011

Contágiame tu sonrisa.

Foto tomada el 18/4/2011



Llegué a casa después de pasar todo el día en el trabajo, y la encontré ahí, en ese rincón, cogiéndose las rodillas, y sollozando silenciosamente. Me acerqué.
-¿Qué te pasa? -estaba preocupado. Ella negó con la cabeza, sin decirme nada. Insistí:
-¿Te han hecho daño? ¿Te han dicho algo? ¿Te han cogido alguna cosa?... -paré al verla sacudir la cabeza de nuevo. No se me ocurría que podía ser. Al fin habló:
-Esta mañana me he despertado... Y me ha llamado mi hermano por teléfono. Él también estaba llorando. -explicó, como si eso lo solucionara todo. La miré extrañado.
-¿Cómo? O sea... ¿No te ha pasado nada a ti? No comprendo.
Ella alzó la cabeza y me miró con esos grandes ojos negros, en ese momento tristísimos.
-¿No entiendes? ¡Intenté alegrarle, intenté consolarle, y fallé! No paró de llorar, hiciera lo que hiciera... Por eso estoy tan triste, ya sólo me queda acompañarle. -concluyó ella.
Sonreí con ternura. Qué buena e inocente era ella. Siempre preocupándose por los demás, siempre con sus seres amados, en los buenos y en los malos momentos. Le levanté la cabeza con la mano en su barbilla para obligarla a que me mirara.
-Sí, es cierto que la mejor manera de alegrarte es intentar alegrar a alguien, pero, aunque acompañar a alguien en su tristeza es un acto muy noble, no la ayudas. La mejor manera de alegrar a un ser querido si no puedes ayudarlo es ser optimista, para que te vea feliz, y entonces se alegre por ti.
Ella se enjugó unas lágrimas y soltó un suspiro.
-¿Va en serio? ¿De verdad tú crees eso?
Asentí con la cabeza y me levanté de mi incómoda posición arrodillada. Le tendí la mano, sonriente.
-Por supuesto. Vamos, iremos a merendar algo, a tomar un helado, y después de eso, cuando ya hayas recuperado tu sonrisa, iremos a ver a tu hermano para que, al igual que él te contagió su llanto, tú le puedas contagiar tu sonrisa.
Ella cogió mi mano y se impulsó para levantarse. Sonrió, aunque un poco melancólicamente.
Le tendí su abrigo y me puse el mío.
-Mejor, aunque en comparación con las sonrisas que sueles llevar tú, esa no es nada.
Ahora sonrió con malicia, y rió un poco.
-Cierto, pero es que tú nunca has sido tan bueno como yo, y la sonrisa de antes me la has pegado tú. -puse mala cara, y ella rió un poco, y me dio un beso en la mejilla.
-Gracias. -susurró, esta vez, feliz de verdad.

12 dic. 2011

Duérmete niña.

Foto tomada el 30/10/2011


Maldito insomnio.
Llevo unas cuantas noches seguidas en las que apenas puedo dormir. Me voy a la cama a horas innobles (más bien, las habituales para mí), aunque eso no es lo peor.
Tampoco es lo peor el hecho de dar vueltas en la cama rato y rato y que, cuando por fin consigo dormirme, lo haga a trompicones y sin caer dormida del todo.
No.
Ni tan siquiera el hecho de ir cansada por la vida y apenas estar bien para ir a clase, estar atenta y entender lo que me dice la gente a mi alrededor. Eso también me molesta un poquito, pero no es lo peor.
Lo peor es que me quita mis preciadas y ya de por sí escasas horas de sueño, y eso me duele porque así, casi no puedo soñar contigo.