8 may. 2010

Bipolaridad rara.


Foto tomada el 18/4/2011



Qué susto me di a mí misma el otro día. Sí sí, cuando estuve toda la semana enferma, resfriada del todo, con el kleenex en mano todo el día por si a la gotita le daba por salir y con algunas décimas de fiebre.
El caso es que me fui a dormir (dormí fatal, por cierto), y tuve el sueño más raro de toda mi vida: en mi sueño, ya no te quería. Me había cansado de ti. Surrealista, ¿verdad?
Y bueno, eso no fue lo peor de todo. Me desperté, y al cabo de un rato de típica confusión mañanera, caí en la cuenta de que... bueno... ya no te quería. Fue raro. Muy raro. No sabía por qué, pero te había dejado de querer de la noche a la mañana: ya no sentía nada por ti. Ya no añoraba tu presencia, no me angustiaba para nada el hecho de no haber hablado en todo el día contigo, las cosas bonitas que sueles decirme ya no me decían nada. Curioso, curiosísimo. Pero real.
Pasé todo el día pensándolo, sin saber qué hacer al respecto, si es que me había salido un venazo de clarividencia, si es que la chispa se había ido, si es que la fiebre me había vuelto loca... Aunque luego, al reflexionar, me di cuenta de que apenas me importaba. Tú ya no me importabas. Había dejado de sentir nada por ti, incluso como amigo. Me eras indiferente.
Han pasado los días, parece que la cosa vuelve a ser más normal, vuelvo a quererte, o eso creo. Vuelve a gustarme hablar contigo, vuelvo a pensar en ti de vez en cuando. Pero no es lo mismo. Y dudo. Dudo sobre qué hacer.
No sé si te sigo queriendo. Que ya no será como antes, eso está claro. Y que tengo una bipolaridad rara, también.

5 may. 2010

Instrucciones para llorar.

En primer lugar, hay que asegurarse de tener a mano todo aquello indispensable para realizar el llanto correctamente. Para llorar como Dios manda, necesitaremos: un paquete de pañuelos de papel, a poder ser de marca "Kleenex", y un amigo que nos ofrezca su hombro.
Cuando ya tengamos reunidos todos los elementos necesarios podremos empezar. Para iniciar el proceso, necesitaremos también algún elemento que lo desencadene. Éste puede ser de cualquier tipo, desde una película romántica dramática, hasta un regalo muy bonito que nos emociona, pasando por el hecho de haber cortado con la pareja.
Si ya se ha producido el hecho que nos causa tristeza o emoción, y tenemos a mano todos los instrumentos que hacen falta, podemos disponernos a llorar.
Primero, hay que concentrarse en aquello que nos provoca las ganas de llorar. A esto (ejemplos enumerados anteriormente), lo llamaremos nuestro motivo.
En segundo lugar, cuando llevemos suficiente tiempo pensando en nuestro motivo, nos vendrán unas ganas de expresar aquello que sentimos que nos resultarán irrefrenables en cierta mesura (el tiempo que hay que esperar y la intensidad de las ganas son variables en cada persona). Seguidamente, notaremos como una presión se acumula en nuestros ojos. Son las lágrimas, que quieren salir. Para que el llanto se produzca, nosotros debemos dejar que salga este agua al exterior, aunque sea en pequeña cantidad. Una vez haya salido fuera aunque sea una sola gota, resultará mucho más fácil seguir.
Cuando hayan salido las lágrimas será el momento indicado para utilizar los objetos que hemos enumerado al principio de todo: lo más recomendable de todo es que el amigo nombrado nos ofrezca los pañuelos de papel y nos consuele dejando que le expliquemos el llamado motivo.
Cuando el amigo haya realizado su función, notaremos que ya no tenemos más ganas de llorar y las lágrimas ya no saldrán más: el llanto habrá acabado, y así finaliza también nuestro manual.
Esperemos que haya sido de ayuda.