27 nov. 2009

Aromas de verano.

Foto tomada el 16/7/2011.




Marcos estuvo toda la tarde de domingo haciendo limpieza en el ático. Retiró pilas y pilas de cajas polvorientas, comprobando el contenido de las mismas, y escribiéndolo en las cajas con un rotulador. Las que quería guardar, las dejaría a su derecha, y las otras detrás suyo.
¡Tan pocas cajas se salvaban...! La primera fue una pequeña, de cartón, donde ya estaba escrita una fecha. La abrió, temiendo lo que iba a encontrar.
Y sí, ahí estaba.
Un viejo ejemplar de una novela de Dickens, que nunca terminó de leer...
Lo abrió por la página cien. Sabía de sobra lo que había. Una margarita seca, puesta a secar ya hacía años. La olió, nostálgico. Y es que algunos recuerdos son como puñetazos en la nariz.
Un verano, hacía muchos años, durante sus vacaciones, la conoció. Ella, una chica bonita, discreta y silenciosa, a la que siempre se veía leyendo apaciblemente bajo la sombra de un roble solitario en el prado.
Cada vez que Marcos pasaba por delante suspiraba. Ella, con sus cabellos del color del trigo ondeando al ritmo de la suave brisa campestre, con el frescor que proporcionaba la sombra del roble en esos secos y cálidos días de verano, el sol reluciente que bañaba los campos de cultivo que rodeaban el prado de hierba, los vestidos de algodón blanco... Todo le procuraba una sensación de paz por la que él se moría de ganas de formar parte.
Un día, finalmente, se decidió a acercarse a ella, y... quedó absolutamente cautivado. Era absorvente.
Cada día, desde que se decidió a hablarle, se quedaba estirado a su lado bajo la sombra del roble, charlando de banalidades.
Aunque ella no levantaba los ojos de su libro, él podía ver su sonrisa sincera, y apreciar sus amables consejos. Le entendió como nunca nadie lo hizo antes.
Suspiró, triste, al recordar el desenlace: tuvieron que despedirse, y, como recuerdo, la muchacha le dio su libro, y una florecilla blanca. "Para que nunca te olvides de mí", recordaba que murmuró con su bonita sonrisa triste.
Cerró el libro de golpe, y lo colocó con afecto en la caja, que dejó a su derecha. ¿Olvidarla...? ¿Cómo? Y menos con esa flor.
Marga, Margarita.

Yo tampoco quería que este verano acabara, pero pasó. Y lo que daría por volver a mi perfecto Agosto.
(Redacción. Septiembre de 2009)

2 comentarios:

  1. Maravilloso, cautivante y por sobre todo muy entretenido de leer.

    Queremos más!!!.

    n.n

    Saludines!!.

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  2. Vaya, de nuevo, ¿quién iba a decir que mis redacciones del colegio iban a tener tanto éxito? XD

    Gracias como siempre :)

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