10 nov. 2009

Reality Show.

Había una vez un hombre que hablaba poco. Era frío, racional en exceso, insensible e impersonal. No se merecía nada, no merecía que nadie le quisiera, pero aún así... Adela lo amaba.
Se conocieron en el trabajo, un empleo sencillo en una oficina. Pura burocrácia. Aún no sé por qué, pero desde el primer momento, ella no le quitó los ojos de encima. Y yo, como siempre, atento a las historias que se desarrollan a mi alrededor, seguía sus movimientos, expectante, esperando el próximo día laborable como quien espera con ánsias el siguiente capítulo de la telenovela.
Adela, una secretaria, suspiraba por el jefe de servicios informáticos, un hombre arrogante y seco, que nadie soportaba. Nadie menos ella, por supuesto. Día tras día, contemplaba las tentativas de Adela para acercarse a su amado, todas en vano. Era desolador ver como la chica se iba marchitando ante los maravillados ojos de la otra gente de la oficina, que, a diferencia de mí, no aprecia los detalles. Poco observadores, por que, francamente, salta a la vista.
Finalmente, tomó una dura decisión: dejaría el trabajo, por que, como ella misma decía con sonrisa triste, "la estaba matando lentamente". El supervisor aceptó con lástima su dimisión, y ella volvió al cabo de unos días para recoger sus cosas. Una vez metidas todas dentro de una caja de cartón, se acercó pesarosa al objeto de su amor y desgracia, y se despidió con timidez. Nunca olvidaré la despedida de aquel hombre:
-Ya era hora de que lo hicieras. Estabas demasiado distraída, y ya eres suficiente mayorcita como para saber que en el trabajo se viene a trabajar, no a hacer manitas. -ni la miró. Ella suspiró, y se marchó para no volver más.
Realmente, pocos guionistas habrían podido siquiera pensar una mejor frase para el final de una serie.

3 comentarios:

  1. Un buen relato con un final realmente inesperado. Me ha gustado mucho. Deberías escribir más amenudo :)

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Oh compañera de ruleo. Por qué no conocía la existencia de este blog? Que cosas.
    Me gusta el texto, pobre Adela, no? Y pobre hombre, mas que ella quizás, siempre estará solo.

    ResponderEliminar
  3. cachis, no sé como redemonios hacer para que me avise de los comentarios.
    Gracias, JChef, escribo cuando puedo, una no suele tener mucho tiempo u_u

    Compañera de ruleo, oh, ¿tú por estos lares? Sí, pobre Adela, y menuda redacción hice en el examen de catalán (y qué mal la traducí, agh).

    ResponderEliminar