5 oct. 2009

Felicidad.

"Esto es una carta para mostrar mi felicidad al mundo. Sí, suena totalmente egocéntrico, pensando en la cantidad de gente que está tirándose de los pelos contínuamente por su depresión, pero llevo tanto tiempo preocupándome de los demás que ya ha llegado la hora de que me ocupe de lo que me pasa a mí.
Y es que, por fin, a base de obviar lo malo, de ignorarlo, este se ha cansado de atormentarme, y me ha dejado dormir tranquila del todo al fin.
¡Tantas cosas han pasado...! Le tengo a él, a ellas, a todos. Les quiero, y más curioso aún, me quieren a mí. Es una sensación tan rara... ¡Tan espléndida! Pero también algo asfixiante.
Y es por que sé que todo lo bueno acaba, y que en nada, mi dorado mundo de felicidad atraerá la desdicha y se desmoronará.
Es como el castillo de ese mitológico rey vikingo: una dorada mansión, donde se servían grandes festines, donde los bufones alegraban la corte de tal manera, que toda la família del rey y los invitados también vivían en un estado de felicidad radiante que parecía imposible. Algo que brilla tanto, no puede esperar no ser visto por la desgracia.
O como dijo un poeta británico, "nothing gold can stay" ("nada dorado puede durar", en castellano, aunque suena mucho más bárbaro en inglés, como de costumbre).
Aún así, como dijo el bardo que cantaba las gestas del rey vikingo, y que daba consejos basándose en esa historia, no aprovechar esa dicha mientras dura sería un crimen terrible. Así que hagamos caso al escaldo, y aprovechemos la alegría, esperando a que se acabe.
Y es que la felicidad es algo tan efímero, tan frágil... aún más que las cenizas resultantes de quemar las plumas de una grácil ave.
[...]"

1 comentario:

  1. Me alegra el haber descubierto tu blog en un momento en el que pasas una etapa dulce. Espero que dure :)

    Una salutació

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