7 oct. 2008

Memorias de un piojo

Otra redacción.
Espero que sea de vuestro gusto ^^

Memorias de un piojo

Yo nací hace no mucho tiempo. Mi casa no era muy acogedora cuando llegué. Estaba yo sólo, pues mis padres me habían abandonado, como es tradición entre los de mi especie. Mi casa estaba sucia, llena de grasa: seguro que hacía mucho que no se lavaba la cabeza.
Mi huésped era un vagabundo que vivía en la calle, por lo que a veces pasaba frío. En el mejor de los casos, el vagabundo se cubría la cabeza con un gorro, y entonces pasábamos días sin ver la luz del sol. Fue horrible.
La comida era insípida y con poca sustancia, así que, en vista de un mejor futuro, a los diez días me fui a otro ser.
Creo que era bailarín de un circo. Todos los huéspedes de la cabeza vivíamos atemorizados, ya que cuando menos lo esperábamos, todo empezaba a menearse como en un terremoto, y todos teníamos que sujetarnos a los pelos para no caer. Algunos de mis más queridos amigos de infancia se precipitaron en un oscuro viaje al vacío, y no los he vuelto a ver. La comida estaba un poco mejor, eso hay que mencionarlo.
Un día, unos amigos decidieron emigrar, y yo fui con ellos. Tendría unos veinte días.
¡Qué joven y estúpido era...! Ése fue el principio de mi fatídico final.
Nos perdimos. Estuvimos horas enteras vagando por las calles, medio muertos de hambre. Algunos de mis amigos decidieron volver a la colonia anterior, pero los demás, insensatos, seguimos con nuestra misión.
Al final, tuvimos que conformarnos con un perro. Era pequeño, de pelo rizado y muy limpio. Unas pulgas muy alegres (pero rurales; eran pulgas, al fin y al cabo) nos dieron la bienvenida y compartieron la comida (demasiado amarga para mi gusto) durante algunas horas. Fuimos bastante felices.
Al cabo de unas horas, vimos que el perro volvía a casa. Su ama, una mujer grande y pulcra, cogió al perro en brazos, que se rascaba frenéticamente.
-Pero... ¡Qué sucio estás! –dijo ella horrorizada –Esto no puede ser. Ahora mismo iré a buscarte el jabón y te prepararé un bañito...
Esas palabras sentaron a los ocupantes del perro como una sentencia de muerte. Aquí estamos, desesperados, hambrientos, débiles... No podemos huir.
Escribo estas líneas con frustración y melancolía, esperando que alguien las lea. Voy a morir, bien sea ahogado o intoxicado por los productos químicos. Igualito que en una cámara de gas. No sé cómo voy a salir de ésta...

1 comentario:

  1. Me ha encantado. Pobre piojo, tan joven y con tan poco futuro. Bueno, pues quién le manda abandonar a su huesped inicial, que aunque las condiciones no eran las mejores por lo menos le aseguraban llegar a la vejez.

    ResponderEliminar